domingo, 13 de septiembre de 2009

TOMAR CONCIENCIA

Las palabras de Ma. Jesús me hicieron reflexionar profundamente cuando señala: " ...deberíamos actuar como tú indicas pero a veces las cosas no son tan fáciles".

Ante ello debo decir que actuar con serenidad no se logra de manera automática. Es un proceso que se inicia cuando decidimos secar nuestras lágrimas y comprendemos que el mundo sigue girando, nuestros hijos siguen creciendo y si bien somos nosotros, los padres, los que queremos detener el tiempo (o incluso retrocederlo), esto no sucederá.

El reconocimiento: "Tengo un niño que me necesita más que mis otros hijos", debe anteponerse a la negación de la realidad o al estado de depresión que a unos afecta más o menos que a otros.

Sí, es total y absolutamente cierto que no estamos preparados para recibir a un niño con características diferentes.

En la etapa prenatal contamos los días, los meses, para tener en nuestros brazos al fruto de nuestro amor.

Nos demoramos una eternidad en elegir el nombre. Cuando nos enteramos que será varón o mujer, nos apresuramos por comprar prendas celestes o rosadas.

Soñamos despiertos con los primeros pasos, el primer cumpleaños, las primeras palabras...

¿Por qué, entonces, surgen esos sentimientos encontrados? Porque nos resulta difícil reconocer que nosotros también podemos ser padres de un niño con necesidades especiales.

Nos hemos educado para ser competitivos, exitosos, brillantes. Muchos de nosotros podemos tener títulos rimbombantes o estar a cargo de la administración de reconocida empresas.

No se trata, entonces de un tema de ignorancia, pero sí de desconocimiento.

Le tenemos temor a lo que no conocemos y es válido.

Es natural que surgan las dudas y hasta los cuestionamientos.

Pero que lo no debemos permitir es que éstas nos acompañen de por vida.

Sé de muchas personas que tienen hijos de más de 30 o 40 años y que han perdido un tiempo valioso lamentándose y sufriendo por algo que es irreversible. ¿Quieres ser tú también así?

Con esto te quiero decir que seas consciente que depende de tí que la condición de tu hijo cambie.

Depende de tí que se quede en casa, escondido o que el mundo disfrute de él.

Trato de comprender y expreso mi respeto a esos padres que aún ahora sienten que llevan una carga, pero los exhorto a cambiar de actitud.

A ellos les regalo mis experiencias y les digo que no es imposible brindar calidad de vida a nuestras familias.

A ellos les invito a tomarse un tiempo, en el transcurso del día, para girar la mirada hacia su hija o hijo y envolverlo con su amor.

Recuerden:

- Fueron dos los que decidieron que nazca.

- Él no eligió tener una discapacidad.

- No ayuda en nada buscar culpables.

- Nuestro hijo o hija crecerá, tenga la discapacidad que tenga (Es falso eso de "los niñitos
eternos", por ello es importante respetar su edad mental pero también su edad cronológica).

En resumen, nuestros hijos tienen sentimientos, necesidades, intereses propios, expectativas e ilusiones.

Por ellos debemos fortalecernos como familia e involucrar a todos los miembros en este proceso, sintiendo que todos aportamos.

A cambio, en poco tiempo, notaremos nuestro propio crecimiento. Seremos mejores seres humanos y pasaremos de víctimas a ganadores.

Se los aseguro.